jueves, mayo 08, 2014

Nada

Siento que no tengo nada.
Nada de lo que quiero,
nada de lo que he intentado conseguir,
nada de lo que se supone que llegaría.

Pero de pronto noto algo diferente
la calma, la alegría, esa sensación de que,
de alguna forma,
todo está bien.

Y si teniendo nada de lo que quiero, me siento feliz
Supongo que en el fondo, lo tengo todo.

domingo, junio 16, 2013

Es el día...

Si aun no llega a mi el sueño, si permanezco en el estado ausente pero despierta, ya sé cómo irá todo hoy.
No iré a dormir, comeré algo que no me gaste tiempo, ese que tengo de sobra.
Saldré al parque con los oídos tapados de música.
Veré el verde por todos lados, el cielo despejado.
Las familias disfrutando del espacio, de tenerse.
Los padres celebrando su día, jugando con sus niñitas.
Y me va a dar pena, y ganas de llorar...como siempre.

Pero encerrarme aquí tampoco evitará que vuelva la misma sensación de cada año.
Hay algunas cosas en las que nunca aprenderé a crecer.

lunes, junio 03, 2013

Ilusa

Cuando era niña, me gustaba creer que mientras uno se esforzara por hacer las cosas bien, cosas buenas vendrían.
Que mientras uno creyera en que todo estaría bien, así sería.
Que no importaba lo que pasara, uno debía hacerlo todo por las personas que ama, porque así ellos comprenderían la clase de amor que uno sentía.

Pero también desde esos años, me he quedado atrás en las cosas que creí lograr.
Se me cayeron mil veces las ilusiones de las que tan convencida estaba, porque era solo eso, ilusión.
Y nunca funcionó eso del todo si se amaba a alguien, porque una y otra vez vi a la gente irse.
Porque vi una y otra vez alejarse a la persona por la que más cosas me callé, a la que más le aguanté todas las veces en que me dejó.


Las últimas semanas han sido horribles, pero es probablemente mi culpa.
De pronto dejé de tener toda mi fuerza y me siento quebrada, en todos los sentidos de la vida.
Han pasado demasiadas cosas malas, cosas tristes, y las que parecen ser felices, se mueren demasiado pronto. Literalmente, en algunos casos.

Y también estaba ese otro rincón que a ratos se me escapa. Ese donde veo que no sirvo de nada ante alguien que adoro. Que solo me duele todo lo que dice, todo lo que hace, porque me cuesta demasiado confiar en que durará.
Quizá porque nunca, en todos los años que llevo de vida, ha durado.
Y es curioso escuchar a alguien decir que te quiere, que te extraña, que eres todo en su vida, pero ser incapaz de sentirlo.

Siempre que pasa el tiempo y logro encerrar la eterna duda, tengo que volver a lo mismo, y me recuerda eso. Y lo traspasa a todas las demás partes de mi vida, a todas las demás relaciones, de cada tipo posible.

No sé de donde sacar de vuelta mi fuerza, estoy cansada, de todo. Y no sé cómo quitarme la pena constante que siento.

Why can't I be good enough?

lunes, mayo 13, 2013

El último borrador

Escribí acelerada, las manos, la respiración, el corazón.
Y estaba feliz
De esa felicidad repentina que se esfuma con la misma facilidad que llega.
Y lo guardé, pensando que no debía enviar arrebatos de felicidad en momentos aun inciertos.
Días después lo leo, y lo leo, y lo leo.
Y cada palabra se llena más de significado y de pura realidad.
Pero parece que la felicidad repentina ya no quiere aparecerse,
prefiere ser reemplazada por la eterna incertidumbre y el miedo.

Al parecer no hay sentimiento hermoso en mi, sin que el miedo lo opaque todo.

martes, mayo 07, 2013

El abrazo no podía significar otra cosa


Hay una razón por la que siempre me gustaron tus abrazos, eso, tus brazos. Siempre firmes, fuertes, capaces de sostenerme y de llenarme en la fantasía de que todo iría bien, siempre que estuvieras allí para envolverme.

Los años fueron útiles, enseñándome las distintas formas que tenías de poner tus brazos sobre mí:
Cuando me tomabas por sorpresa de la espalda, queriendo hacerme rabiar mientras trabajaba.
O las veces en que con un brazo me aferrabas, mientras tu otra mano acunaba mi cabeza en tu hombro, sabiendo que estaba derrumbándome en ti.
Me gustaban los fugaces, esos  de cuando nos encontrábamos y me elevabas del suelo, en un mudo gesto de felicidad. Y yo reía pidiendo que me bajaras, no queriendo realmente que alguna vez me dejaras ir.
Los días difíciles, esos donde ya no dabas más, te sentabas, tirándome cerca para abrazarte a mi cintura, tranquilizándote con el latido de mi corazón en tu oído.

Siempre dijiste tanto con cada gesto, y tan poco con palabras. Pero siempre fue tan fácil leerte, porque eras una persona sincera, como tu sonrisa, como tu mirada.

Y por eso aquel día lo supe con certeza.

Mientras seguías felicitándome por mi viaje, ahí esperando que llamaran a abordar. Aun cuando no podías estar más orgulloso de que cumpliera un sueño y me fuera al lugar que siempre deseé para vivir, entendías tanto como yo que era la última vez que estaríamos así, que nos miraríamos a los ojos sabiendo que éramos la parte que completaba al otro, que aun si volvíamos a vernos más adelante, quizá ya no seríamos los mismo.

Entonces fue tiempo de irse, y me abrazaste, de una forma en que nunca lo habías hecho antes, pero no fue difícil saber qué significaba este nuevo abrazo. Allí tu y yo guardando en un último instante, todo lo que existía, todo lo que sentíamos, pero sabiendo que existía mucho más por vivir, que solo lo que compartimos.